Martín Becerra |
La historia de las políticas sobre ciencia y tecnología, así como la historia de las políticas de incorporación y desarrollo de tecnologías de la información y la comunicación en América Latina, son historias de políticas públicas. Interrumpidas, espasmódicas, obstruidas, casi nunca consistentes en el largo plazo, esas políticas son las que hoy deben invocarse a la hora de analizar la difusión de tecnologías de la información y la comunicación (TIC´s) en la región.
No obstante el énfasis con que se caracteriza el rol del sector productivo privado en la construcción de un modelo que tiene a las TIC´s como centro de atención, como es el de la Sociedad de la Información, la actuación del sector público en la región durante más de un siglo de incorporación de tecnologías info-comunicacionales, debe subrayarse si se pretende vigorizar la diseminación y apropiación social de las tecnologías y batallar contra el consecuente atraso tecnológico latinoamericano.
La suposición basada en que las políticas (públicas) de desregulación y liberalización de dinámicos sectores de la economía como los asociados a las tecnologías info-comunicacionales promovería la competitividad del sector, auspiciaría la inversión y la innovación y ampliaría el acceso de la sociedad a las tecnologías y a los bienes y servicios de información y comunicación, se ha revelado como falacia si se observa la experiencia de la mayoría de los países latinoamericanos a partir de la década del noventa.
En efecto, la quimera de un sector privado pujante que llevaría las riendas del ausente desarrollo científico y tecnológico contrasta en América Latina, por ejemplo, con los indicadores de financiamiento de las actividades científico tecnológicas: en promedio, el sector público (en este caso, gobierno y educación superior pública) soporta más del 70 por ciento del financiamiento, en tanto que las empresas no llegan al 30%(1). Los indicadores son inversamente proporcionales a los de los países centrales: en los Estados Unidos, por caso, las empresas aportan más del 68% del financiamiento en tanto que el gobierno lo hace con un 27% y la educación superior, en un 2,3%(2). Otros países, como España, se sitúan a medio camino entre ambas realidades, con un sector público que financia casi el 45%, un sector privado que participa con casi el 49% y recursos europeos por casi 5%.
Es decir que la retórica a favor del protagonismo del sector privado en la innovación, desarrollo y diseminación de las TIC´s parece contar con mayor coherencia con la situación que se registra en los países más desarrollados del globo, antes que en los situados en la periferia. Con todo, debe destacarse que en los Estados Unidos y en Europa, incluso la doctrina oficial que impulsa estas políticas es cuidadosa a la hora de reclamar al sector público un rol de co-financiador, consumidor gigantesco, planificador, creador de masas críticas (mediante un sistema educativo cuyos curriculum propende a crear capacidades vinculadas con la difusión de las TIC´s), legislador, equiparador de oportunidades de acceso social y promotor de iniciativas vinculadas a las TIC´s.
Pero en términos más amplios, es necesario evaluar consecuencias del desarrollo info-comunicacional reservado para la iniciativa privada en países con una fractura estructural en términos socioeconómicos, como es el caso de los latinoamericanos. La figura 1 muestra las diferencias de acceso a Internet entre las regiones más conectadas y las más periféricas en cinco países latinoamericanos (fuente, Digiworld 2007), y dónde está ubicado el promedio nacional. Al no existir una intervención estatal correctiva, las diferencias se cristalizan fortaleciendo las posiciones relativamente más desarrolladas de las regiones prósperas determinando a su vez condiciones estructuralmente más complejas para las regiones más pobres.
 
Los países y las sociedades son diferentes, asimilan los cambios de distinto modo y una política agresiva en favor de las nuevas tecnologías de la información puede actuar como núcleo motor de desarrollo económico en países como Japón, bajo determinadas circunstancias, pero en la Argentina, en Chile, en Uruguay o en Brasil, bajo circunstancias diferentes, como durante la última dictadura en la Argentina, esa política puede, como sostienen Torres López y Zallo, vertebrar la desindustrialización y el desmantelamiento del circuito productivo.
Cuando la consideración sobre el desarrollo tecnológico se escinde de los contextos que constituyen las determinaciones de acceso y diseminación de esos adelantos, el efecto no es inocuo ni neutro dado que la información que es distribuida por las tecnologías deviene un valor posicional que es medular en la estructuración de nuestras sociedades. Notas:
(1) La fuente de los indicadores es la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT). (2) Algunos autores, como Chomsky (1996) relativizan las cifras de aporte del sector privado al financiamiento del desarrollo en ciencia y tecnología, documentando los subsidios, la relación preferencial y la permisibilidad del gobierno norteamericano frente a maniobras oligopólicas y anti-competitivas del sector privado que aporta las cuotas mayoritarias contempladas en los indicadores citados.
Referencias: Becerra, Martín (2003), Sociedad de la información: proyecto, convergencia, divergencia, Editorial Norma, Buenos Aires, 156 p.
Chomsky, Noam (1996), “Democracia y mercados en el nuevo orden mundial”, en Chomsky, Noam y Heinz Dieterich Steffan, La sociedad global: Educación, mercado y democracia, Oficina de Publicaciones de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, p. 17-43.
Singer, Paul (1980), Curso de introducción a la economía política, Siglo XXI, México, 257 p.
Torres López, Juan, y Ramón Zallo (1991), “Economía de la información. Nuevas mercancías, nuevos objetos teóricos”, en Telos nº28, Fundesco, Madrid, p. 54-67.
Datos del autor: Martín Becerra. Profesor de la Universidad Nacional de Quilmes; Investigador Adjunto de CONICET; Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona; autor del libro “La Sociedad de la Información: proceso, convergencia, divergencia” y coautor de “Periodistas y magnates: estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina”. Ha trabajado como periodista y colabora con medios de la Argentina.
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